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jueves, 21 de agosto de 2025

Alaska, algunos acuerdos y muchas señales

 


La reciente reunión entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos en Alaska tiene connotaciones que superan las relaciones bilaterales y se adentran en una perspectiva de interés global. Vale decir para comenzar este análisis que el solo hecho de que los mandatarios de las dos principales potencias nucleares se reúnan cara a cara para dirimir diferencias, encontrar puntos en común y buscar solución a los conflictos, transmite cierto sosiego a nuestro atribulado planeta.

Es menester recordar que no estamos en la guerra fría cuando en el marco de un sistema internacional bipolar, las victorias de uno significaban derrotas del otro y viceversa. De ahí que el hecho de retomar el diálogo y la negociación como métodos de tramitación de las controversias, debe ser saludado y aplaudido.


Previo al encuentro propiamente tal de los presidentes, hubo una serie de asuntos de carácter simbólico que fueron creando una atmósfera positiva para este. En primer lugar, la decisión del presidente Putin de hacer una escala en la ciudad de Magadán en el extremo oriente ruso para rendir homenaje a los “Héroes de Alsibe” (Alaska-Siberia), pilotos soviéticos y estadounidenses que cooperaron durante la 2da. Guerra Mundial, enviaba una señal amistosa horas antes de la reunión. Putin depositó una ofrenda floral en el monumento a la cooperación de los dos países para enfrentar el expansionismo japonés en el Pacífico y el Asia Oriental durante la conflagración de mediados del siglo XX.

Putin voló 11 horas y atravesó 8 husos horarios para llegar a Magadán y estuvo listo para llegar a Anchorage -ciudad de Alaska donde se desarrollaría la reunión- casi simultáneamente con Trump. Ya estaba más cerca. Magadán y Anchorage están a cuatro horas de vuelo. Trump también hizo lo suyo. Voló 8 horas desde Washington y, como anfitrión, llegó un poco más temprano que su invitado. Sin que fuera necesario, ordenó a su protocolo desplegar una alfombra roja, símbolo de majestuosidad y también sin que el ceremonial lo indicara, esperó a su colega ruso en la propia loza del aeropuerto. Se había creado un ambiente de confianza y armonía que contrastaba con la tirantez y el espíritu confrontacional del pasado reciente.