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miércoles, 21 de enero de 2026

Ante la agresión imperialista, decimos con Bolívar: "Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo"

   

La incursión militar de Estados Unidos en Venezuela es expresión del talante intervencionista que ha caracterizado a ese país casi desde el momento de su creación en 1776. Una raza maldita surgida de europeos empobrecidos expulsados de sus países e imbuidos de un supuesto don divino que según ellos los convirtió en un pueblo elegido por Dios, se dio a la tarea de inventar un país después de exterminar a los pueblos originarios que desde tiempos inmemoriales vivían en ese territorio. A partir de entonces, su resentimiento, su odio contra la humanidad y su sed insaciable de destruir todo lo que no sea de ellos o apoderarse de lo que necesitan a través de la imposición y la fuerza, es la característica de un Estado, cuyas élites lo han hecho despreciable para una buena parte de la humanidad mientras que otra parte, medios de comunicación mediante, lo han transformado en un paraíso donde muchos quieren ir a pesar que son maltratados, despreciados y explotados.

En el caso de Venezuela, la acción intervencionista de Estados Unidos ha estado presente desde los tiempos de la lucha por la independencia. Sin embargo, en ese momento el Libertador entendió que ellos, igual que los ingleses eran “aliados eventuales y muy egoístas”. En ese contexto, Bolívar recomendó dialogar y negociar con ellos usando “un lenguaje dulce e insinuante para arrancarles su última decisión, y ganar tiempo, mientras tanto”.

Como una maldición perversa venida desde el norte, cada vez que comienza un siglo (ha ocurrido en los tres de la vida republicana) Estados Unidos eleva sus garras al nivel de zarpas para agredir al país en un nivel superior. Al empezar el siglo XIX, tras su encuentro con el enviado especial del presidente Monroe, Juan, B. Irvine en 1818, el Libertador comprendió el carácter intervencionista y agresivo del país del norte cuando constató que los puntos de vista de Irvine eran radicalmente opuestos a los suyos, lo cual impidió llegar a acuerdos.

Bolívar le hizo saber al diplomático estadounidense que no aceptaría intromisiones de su país en los asuntos internos de Venezuela, así mismo, en el caso particular que se debatía referido al bloqueo del río Orinoco por parte de las fuerzas patriotas rechazó contundentemente la posición de Irvine cuando pretendió dictar pautas respecto del derecho de Venezuela a tomar medidas políticas o militares para el mejor desarrollo de la guerra contra el colonialismo español.

Cuando comenzó el siglo XX y durante sus primeros años, Estados Unidos empezó a desarrollar una abierta intervención en los asuntos internos de Venezuela teniendo como eje el manejo del negocio petrolero que transformó a Venezuela - en la primera mitad de esa centuria- en uno de los grandes productores y exportadores mundiales quedando signado el país por esta huella que le generó una identidad particular en el coro de las naciones hasta los días que vivimos.

El siglo XIX venezolano se caracterizó por una larga seguidilla de gobiernos militares, donde la autocracia y el caudillismo caracterizaron la gestión gubernamental ante la debilidad institucional y la ausencia del Estado en importantes regiones del país. Dos figuras, José Antonio Páez y Antonio Guzmán Blanco coparon el quehacer de la vida política.