Ha transcurrido un mes desde el secuestro del presidente Maduro y la designación de Delcy Rodríguez –según mandato constitucional- como presidenta encargada aunque Estados Unidos se obstine en llamarla “presidenta interina”.
La gestión ha transcurrido en el marco de una guerra cognitiva caracterizada por posiciones encontradas en torno a lo que sucede y en la que, en mi caso, parto de la base de que el gobierno estadounidense falsea la información con el objetivo de debilitar la conciencia nacional y patriótica, fracturar la sociedad y crear grietas en la defensa del país y en el apoyo del pueblo a su gobierno legal y legítimo. Como si fuera una religión, del lado del gobierno han llamado a “creer y confiar” que es lo que yo hago, aun sin ser creyente.
Me parece que, considerando que la presidenta encargada está “negociando” con un misil en la cabeza, aun con la aprobación “flash” de la reforma a la ley de hidrocarburos, la creación del Fondo de Catar, las prohibiciones de vender petróleo libremente a quien Venezuela lo considere y la “visita” del jefe de la CIA( que por cierto considero mucho mejor que si hubiera venido Marco Rubio), ha tenido un extraordinario mes de gestión, habida cuenta que somos un país intervenido con un presidente secuestrado.
Lo que está en juego es la sobrevivencia del Estado y la república que en caso de perderse, haría banal la discusión sobre cualquier otro tema. Treinta y tres años se demoró Cuba en desprenderse de la enmienda Platt de su Constitución y otros 25 en hacer su revolución. Los tiempos de los países y los pueblos son distintos a los tiempos de los humanos. Un amigo, casi un hermano nicaragüense de muchos años me dijo que nosotros habíamos “Comprado paz a cambio de soberanía” y yo le dije que los sandinistas sabiamente habían entregado el gobierno en elecciones en 1990 a fin de detener la sangrienta guerra impuesta por el imperialismo que había causado decenas de miles de muertos y una devastación total del país, para regresar en mejor forma 17 años después y recuperar el poder. Los tiempos de los países y los pueblos son distintos a los tiempos de los humanos.
