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martes, 21 de octubre de 2014

Martin Luther King, un verdadero Premio Nobel de la Paz.


El acontecer político de Estados Unidos en el año 1964 estuvo caracterizado por la profunda conflictividad emanada del rechazo de la sociedad a la participación de sus soldados en la guerra de Vietnam, así como la creciente movilización en pro del reconocimiento de los derechos civiles de las minorías raciales, en particular de los afrodescendientes.

Se vivían tiempos de mucha tensión. Pocos años antes, se habían establecido políticas claramente segregacionistas que generaron continuos hechos de violencia. En 1963 fue asesinado el presidente John F. Kennedy. La organización extremista Ku Klux Klan que promocionaba la superioridad blanca campeaba por sus fueros desarrollando acciones vandálicas de toda índole contra personas de otras razas y sus propiedades. En el sureño estado de Mississippi, todavía a los negros se les negaba la educación superior y el derecho a voto, así mismo había fuentes de agua públicas y cines, separados para negros y blancos. 

En ese contexto, en junio de ese año, fueron asesinados los activistas pro derechos civiles James Earl Chaney, Michael Schwerner y Andrew Goodman, dos de los cuales eran blancos. Chaney y Schwerner se proponían construir un centro de formación educativa para los niños segregados en la localidad de Neshoba. En el hecho que les costó la vida participaron miembros del Ku Klux Klan quienes actuaron con apoyo de la policía del Condado.

El hecho causó gran conmoción en Mississippi y en todo el país. Los restos de los activistas fueron encontrados 44 días después de su desaparición. La movilización generalizada en contra de la masacre devino en hechos violentos que no tenían parangón desde el fin de la guerra civil que había ocurrido más de 100 años antes. El levantamiento ciudadano logró que ese año se aprobara la Ley por los Derechos Civiles y al año siguiente, la Ley de Derecho al Voto. Los negros habían tenido que vivir más de 70 años bajo un entramado jurídico segregacionista a pesar que éste había sido formalmente derogado en Mississippi en el año 1890.

En otro plano, en ese mismo año las acciones de los patriotas vietnamitas habían arreciado en contra de la intervención estadounidense. Durante el verano, el ejército de Vietnam del Norte inició la primera gran ofensiva contra el sur. La debilidad del gobierno títere en el sur era evidente. El Presidente Lyndon Johnson quien había ocupado esa investidura tras el asesinato de Kennedy estimó necesaria una intervención militar directa en gran escala. Tal como ha ocurrido a través de la historia, se necesitaba una acción que justificara esa decisión ante la opinión pública estadounidense. En esas condiciones, Estados Unidos concibió una operación mediante la cual dio a conocer al mundo que el ejército vietnamita había atacado sus barcos de guerra en el Golfo de Tonkín, próximo a las costas del norte de Vietnam. Tal pretexto sirvió para que en agosto, el Congreso de Estados Unidos emitiera una ley mediante la cual autorizó al presidente Johnson a una intervención integral en Vietnam. 

La intromisión de Estados Unidos en el país asiático se hizo al margen del Derecho Internacional y sin que mediara declaración de guerra alguna. Ya en ese entonces el presidente de Estados Unidos había esbozado la idea de participar a través de bombardeos masivos resguardando sus tropas del enfrentamiento directo. Ese objetivo jamás pudo ser cumplido, elevando el número de bajas como jamás había tenido las fuerzas armadas de Estados Unidos en sus incursiones fuera de su país. Todo esto devino en un rechazo mundial al involucramiento de Estados Unidos en Vietnam. La propia opinión pública estadounidense comenzó a jugar un papel activo en el desenmascaramiento de los objetivos imperiales de la potencia americana en el sudeste de Asia. 

En este marco de elevado conflicto tanto interno como externo, en Estados Unidos emergió la figura del pastor bautista Martin Luther King quien primero ejerció una labor protagónica al frente del Movimiento por los Derechos Civiles a favor de los negros, simultaneando posteriormente esa lucha con la denuncia y rechazo a la intervención de Estados Unidos en el sudeste asiático. Hace 50 años, en este mismo mes de octubre, el Doctor King recibió el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos por eliminar la discriminación racial por medios no violentos, convirtiéndose a los 35 años en la persona más joven en haberlo recibido.

Medio siglo después, en el estado de Missouri, medio oeste de Estados Unidos, vuelven a ocurrir circunstancias similares, la segregación racial y la violencia de las autoridades descargan su odio contra jóvenes negros. En agosto, en Ferguson, suburbio de la ciudad de San Luis, Michael Brown de 18 años es asesinado por un policía blanco. El hecho nuevamente perturba la nación, grandes protestas exigen la captura y el juicio de los implicados en la acción criminal. Dos meses después, en octubre, hace pocos días, Vonderrit Myers Jr., fue ultimado en las mismas condiciones que Brown. Pareciera que nada ha cambiado.

Sin embargo, no sería acertado afirmar tal cosa. Hoy, un afroamericano es el presidente de Estados Unidos. También, -al igual que Martin Luther King- recibió el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, hay una sustancial diferencia. Mientras King se oponía férreamente a la guerra, Barack Obama ha sido un entusiasta promotor de la misma. Bajo su conducción, Estados Unidos se ha involucrado en diversas acciones intervencionistas en distintas latitudes del planeta, superando incluso en ímpetu bélico de sus colegas republicanos Ronald Reagan y George Bush, lo cual, hace unos años, parecía imposible.

Obama pareciera no recordar la prédica del Dr. King cuando dijo que “Los hombres, a lo largo de la historia, han hablado de la guerra y de la paz. Pero ahora ya no pueden quedarse solo en el hablar. No es una elección entre la violencia y la no violencia en este mundo; es una elección entre la violencia y la existencia”

Dos negros, dos estadounidenses, dos Premios Nobel de la Paz, pero una gran diferencia. King dijo que rechazaba “… aceptar la noción cínica de que naciones tras naciones deben descender la escala militarista hacia el infierno de la destrucción termonuclear. Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán finalmente la palabra. Porque el bien, incluso temporalmente vencido, es más fuerte que el mal triunfante”

Cuando en 2009 Barack Obama se hizo acreedor del premio Nobel recordó las palabras pronunciadas por Martin Luther King al recibirlo 45 años antes, “La violencia nunca trae la paz permanente”, pero a continuación el presidente estadounidense agregó “Mientras tenga una nación que defender, no puedo seguir sus enseñanzas”.

martes, 14 de octubre de 2014

¿Una nueva guerra fría?



Hace unos días, exactamente el 2 de octubre pasado, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden afirmó que el gobierno del presidente Barack Obama obligó a los países de la Unión Europea (UE) a imponer sanciones contra Rusia, con el objetivo de contrarrestar la activa diplomacia de ese país en el conflicto interno de Ucrania. Con el mayor desparpajo, Biden admitió que los países europeos "no lo querían hacer” pero que esa decisión cuestionaría el liderazgo de Estados Unidos, por lo que “el Presidente insistió”. De acuerdo a medios internacionales, en el Foro John Kennedy, en la Universidad de Harvard, el vicepresidente explicó que Obama se había visto obligado “…a poner a Europa en una situación embarazosa para que asumiera el daño económico y obligara a pagar a Rusia".

La propia Secretaria de Estado adjunta para Europa, Victoria Nuland, quien se hiciera famosa por su expresiva oratoria cuando dijera “¡Que se joda la Unión Europea!” reiteró que “… Washington reconoce que las sanciones impuestas contra Rusia afectan a las economías europeas”

Esto no sería sorpresa cuando se trata de la política exterior de Estados Unidos, si no fuera porque los países presionados son sus principales aliados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) la mayor alianza militar del planeta. Sin embargo, como ya ocurrió cuando sus líderes fueron espiados por la potencia norteamericana, los miembros europeos del pacto hicieron silencio y asumieron sumisos esta nueva ofensa que se va transformando en forma habitual del comportamiento internacional estadounidense.

Esta situación ha llevado a algunos analistas a afirmar que el mundo se encamina nuevamente a una estructura bipolar del sistema internacional, similar a la que existió en el planeta hasta 1991. El desembarazo con el que Estados Unidos se vincula con sus aliados hace alusión a una relación de subordinación más que a un lazo horizontal entre sujetos similares.

Estados Unidos ha obligado a sus socios europeos, además de Canadá, Japón y Australia a establecer rígidas sanciones que sólo perjudican, -una vez más- a quienes tienen una cercana relación de vecindad y una economía mucho más interconectada con el gigante euroasiático. Eso no pareciera importarle mucho a Obama y su gobierno.

En esa medida, la OTAN teledirigido por Estados Unidos ha asumido la vanguardia en las acciones más relevantes contra Rusia. A pesar que en el espectro mediático se hace alusión con mayor fuerza a las medidas de carácter económico, el pulso del conflicto viene dado, en realidad, por las decisiones de orden militar que colocan al viejo continente en una verdadera encrucijada cuando se otea en el pasado el recuerdo de las dos guerras mundiales que se desarrollaron durante el siglo XX en territorio europeo, sin que Estados Unidos haya sido involucrado en su espacio continental, posibilitando con ello su consolidación como primera potencia mundial. 

Todo indica que las medidas actuales apuntan a lo mismo, salir de la crisis, debilitando a sus aliados, en primer lugar fortaleciendo el dólar respecto del euro y generando economías debilitadas que necesiten de la “ayuda estadounidense”, frente al “peligro de la expansión rusa”. El supuesto enemigo ha mutado su orientación ideológica respecto del siglo pasado pero sus ambiciones de propagación mundial se mantendrían incólumes, según lo advierten avezados analistas que dan pie a la locura imperial estadounidense.

Así, la OTAN ha pasado de un Secretario general incendiario como lo era el danés Anders Fogh Rasmussen a otro brutalmente belicista, el noruego Jens Stoletenberg, quien según Fidel Castro, destila odio en su mirada, cuando intenta profundizar las condiciones de conflicto en el continente, e incluso fuera de él, al asumir de manera sumisa los dictados estadounidenses respecto de cómo manejar la política contra Rusia. En uno de sus primeros viajes después de la asunción de su nuevo cargo fue a Polonia para afirmar que la OTAN “puede desplegar sus tropas donde quiera”, lo cual es violatorio de acuerdos internacionales suscritos por la OTAN y Rusia. Sus declaraciones ponen en ascuas el derecho internacional, de manera muy particular aquellos instrumentos que sostienen la paz en las condiciones de transición del mundo unipolar, echando más fuego a la hoguera que se ha prendido en Ucrania y que por todos los medios se intenta apagar como lo atestigua la reciente decisión del Presidente Putin de retirar las tropas que se mantenían en la frontera entre los dos países.

Sin embargo, la suposición de que estaríamos volviendo a una nueva guerra fría y con ella a una novedosa bipolaridad Rusia-Estados Unidos, choca con la realidad de los últimos años que ubica a China como un poder emergente que es imposible obviar, toda vez que se ha ido transformando en el verdadero actor internacional que está retando la hegemonía actual. El fortalecimiento de la alianza ruso-china durante los últimos años se erige en un verdadero valladar a las ambiciones de supremacía estadounidense.

En todo caso, si de nueva bipolaridad se hablara, sería de una que en primera instancia tendría un polo bicéfalo constituido por China y Rusia, tras del cual estaría el grupo BRICS, estructurado a partir de países que juegan un real liderazgo en Asia, África y América Latina. Junto a ello las dos potencias, han fortalecido la Organización de Cooperación de Shanghái y la Alianza Euroasiática que se ha crecido esta semana con el ingreso de Armenia. Así mismo, China y Rusia han firmado un gigantesco acuerdo bilateral de comercio y cooperación económica para los próximos 20 años, que además va a utilizar sus instrumentos monetarios (el yuan y el rublo) como monedas de intercambio, en lo que podría ser el preámbulo de una nueva era en que el dólar paulatinamente comience a ser dejado de lado como dinero internacional para las transacciones económicas.

martes, 7 de octubre de 2014

Miguel Enríquez, una vida fecunda que perdura en el tiempo. Palabras en el 40 aniversario de su caída en combate



No quiero caer en una falsa originalidad que me lleve a emitir palabras fatuas, rememorar lugares comunes y pronunciar las frases no comprometidas que caracterizan esos discursos en que se conmemora la vida y obra de un luchador popular, para después, en la vida cotidiana, hacer todo lo contrario de lo que se dice. No vengo solo a decir “honor y gloria”. Por ello, me voy a permitir usar el verbo encendido de un gran revolucionario venezolano, Jorge Rodríguez padre, quien el 2 de octubre de 1975 en el primer aniversario de la caída en combate de Miguel Enríquez en un discurso pronunciado no muy lejos de aquí , en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela dijera que “Rendir homenaje a Miguel Enríquez es para los revolucionarios venezolanos y de cualquier parte del mundo un compromiso y un deber irrenunciable”, agregando más adelante que ello era “… comprometerse a trabajar seriamente por la formación de las herramientas de combate de los pueblos oprimidos del mundo…”

Han pasado 39 años de esa fecha memorable y 40 del último combate de Miguel Enríquez en la calle Santa Fe de la comuna San Miguel en Santiago de Chile. La situación del mundo, de América Latina, de Chile y Venezuela es otra, pero el impacto de su ejemplo sigue estando presente, como lo testimonia este acto y todos los que se han hecho durante estos días en Chile y otros países.

Persiste sin embargo, en algunos sectores, la idea de que el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), del cual Miguel era Secretario General adoptó posiciones de ultra izquierda que jugaron un papel determinante en la caída del gobierno de la Unidad Popular (UP) que presidía Salvador Allende. Esas ideas estuvieron y están presentes en Venezuela. Creo que vale la pena esbozar algunas reflexiones al respecto como desagravio a Miguel Enríquez cuando se conmemoran 40 años de su desaparición física. 

La manida acusación que se le daba al MIR de ser una organización de ultraizquierda obligaría a establecer una definición respecto de ¿qué es “izquierda”? de manera que ubique tal caracterización en su justa dimensión, sobre todo porque se ha hecho una descontextualización interesada, cuando se pretende hacer un análisis de la situación actual en Venezuela.

Para que haya ultraizquierda tiene que haber izquierda. En el Chile de 1973 era indudable que existían organizaciones que asumían la vida desde esa posición política. Sin embargo, el diagnóstico más acertado de lo que iba a pasar y pasó fue el que hizo el MIR conducido por Miguel Enríquez. Otra cosa es que este movimiento no haya estado preparado para enfrentar exitosamente la situación creada, cuando todos suponíamos que así sería. Habría que recordar que hasta el presidente Allende creyó en esa posibilidad cuando en medio de la defensa de La Moneda el 11 de septiembre, le indicó a su hija Beatriz que le comunicara a Miguel Enríquez, el siguiente mensaje: ¡Ahora es tu turno Miguel!. El propio Secretario General del MIR había expuesto su punto de vista respecto de la situación y la posibilidad palpable de un golpe de Estado en el discurso que hizo en el teatro Caupolicán de Santiago el 17 de julio de ese año. No obstante, nada demerita la indudable contribución posterior del MIR al fin de la dictadura. Miguel Enríquez sembró un ejemplo de consecuencia que estuvo presente hasta el último día de gobierno militar. 

Debo reconocer que desde mi modesta posición de estudiante secundario fui un acérrimo adversario del MIR y que fue en las trincheras de combate de la guerra de liberación de Nicaragua en 1979 cuando patenticé la futilidad de esa animadversión construida interesadamente por dirigentes de la izquierda tradicional chilena. Descubrí en los militantes del MIR, compañeros de una extraordinario convicción y acendrados valores de solidaridad y lucha. 

Todo esto para decir que aquellos que nos ubicábamos en la “izquierda” y que caracterizábamos al MIR de ser una organización de ultraizquierda, no distábamos –a pesar de las diferencias- de asumir posiciones equivocadas en cuanto a la definición del enemigo principal, que permitiera el establecimiento de una correcta política de alianzas para sumar fuerzas -en la diversidad – a fin de enfrentar desde mejores posiciones al imperio y sus lacayos locales.

Vale decir, que en el Chile de hoy, la mayoría de los dirigentes de esa época, los del MIR y los de todos los partidos que integraban el gobierno de la Unidad Popular, son aliados del partido demócrata cristiano (PDC), creador de las condiciones políticas para la concreción del golpe de Estado con Pinochet a la cabeza, transformándose así en el principal responsable civil del asesinato y desaparición de miles de chilenos, incluyendo –paradójicamente- al de su propio líder Eduardo Frei, líder político de la asonada militar. He ahí la insignificancia del debate de aquellos años cuando se descubre hoy, que unos y otros aspiraban a lo mismo. La desesperación por ser gobierno está hoy por encima de cualquier convicción y de cualquier comportamiento ético que se hubiera podido tener en los años gloriosos de la Unidad Popular, incluso estableciendo acuerdos con los promotores del golpe de Estado, que son los mismos que en la actualidad atacan a Venezuela en cuanto foro internacional participen, los mismos que apoyaron el golpe de Estado de 2002 contra el Presidente Chávez. Por ello, el valor del ejemplo de Miguel Enríquez quien al igual que Salvador Allende, entregó la vida en un combate desigual, haciendo patente el compromiso adquirido con el pueblo. 

Es de anotar, que el gobierno actual, -caracterizado como de centro izquierda- mantiene las prácticas neoliberales que cimentó la dictadura pinochetista, impide la convocatoria a una asamblea constituyente originaria que derrumbe legalmente el sistema constitucional creado por el dictador y se ha convertido en un feroz represor de estudiantes, trabajadores y mapuches.

Visto de esta manera, podríamos preguntarnos, quién fue, quién era y quién es de izquierda y quién de ultra izquierda, quién una izquierda reformista sin vocación de poder, quién desperdició las potencialidades de participación y organización popular que generó el gobierno de la UP. Ubicados en otra perspectiva, se podría acusar a los partidos de la izquierda tradicional de ser los principales culpables del golpe de Estado. Ni lo uno, ni lo otro, eso sería hacer una caricatura simplista de la lucha política y social 

Asumir un análisis tan superficial y ramplón, significa subestimar las increíbles potencialidades desestabilizadoras del imperio que utiliza todos los instrumentos políticos, económicos y militares para retrotraer el curso de la historia. Las verdaderas explicaciones del golpe de Estado deben buscarse en esto, y en la incapacidad que tuvo el movimiento popular para construir una correlación de fuerzas que hiciera avanzar el proceso de cambios sin equivocar cuál era el enemigo principal. En el caso de Chile de 1973, ciertamente el MIR no podría ser ubicado en esa dimensión.

Miguel Enríquez se cansó de esbozar una propuesta de organización y de lucha para los trabajadores y el pueblo chileno. Lo hizo en innumerables entrevistas, discursos y cartas desde mucho antes del golpe de Estado, incluso desde antes que el presidente Allende llegara al gobierno. Por supuesto, fue atacado ferozmente desde la derecha y sacralizado como profano por la izquierda tradicional. 

Posterior al 11 de septiembre, en fecha tan temprana como el 17 de febrero de 1974, se dio a conocer la “Pauta del MIR para unir fuerzas dispuestas a impulsar la lucha contra la dictadura”. Todavía bajo la dirección de Miguel Enríquez, el documento exponía que “La tarea fundamental es generar un ancho bloque social que desarrolle la lucha contra la dictadura gorila hasta derrocarla. Para ello es necesario unir al conjunto del pueblo en la lucha contra ella y, a su vez, es necesario estratégicamente alcanzar el máximo grado de unidad posible entre todas las fuerzas políticas de la izquierda y progresistas dispuestas a impulsar la lucha contra la dictadura gorila”. Proponía crear un Frente Político de la Resistencia al que convocaba a participar a los partidos políticos de la UP, a los sectores del PDC dispuestos a combatir la dictadura gorila y al MIR.

A su vez, proponía construir la unidad a partir de una plataforma inmediata con tres objetivos: la unidad de todo el pueblo contra la dictadura gorila, la lucha por la restauración de las libertades democráticas y la defensa del nivel de vida de las masas. Esta plataforma amplia permitía la incorporación de todos los sectores que estaban realmente en contra de la dictadura.

Hacer una traslación mecánica de las condiciones de Chile de 1973 a la América Latina y la Venezuela de hoy, no deja de ser una irresponsabilidad y una expresión suprema de ignorancia interesada. Por supuesto que hay elementos comunes, el más importante de los cuales es la intención manifiesta de Estados Unidos de repetir en Venezuela lo que logró en Chile hace 41 años. En ambos casos, lacayos locales se pliegan de manera servil a los intereses imperiales y asumen posturas terroristas para cumplir sus objetivos. Así mismo, en ambos casos, aplicar una correcta política de unidad hubiera conducido o conduce a la acumulación de fuerzas necesarias para avanzar. Excluir de antemano a ciertos sectores, que sostienen posiciones distintas o asumen un espíritu crítico dentro del proceso (como hizo el MIR chileno) y caracterizarlos de ultraizquierdistas hace daño y no permite construir de cara al futuro.

Es válido, haber adversado o adversar al MIR chileno y sus propuestas de lucha en las décadas de los 60 y los 70 del siglo pasado, pero hay que tener altura de miras para reconocer la innegable valía moral y ética de Miguel Enríquez. Solo su consecuencia revolucionaria le hizo quedarse en Chile, para asumir un papel en la dirección de las fuerzas de la resistencia contra la dictadura. No se puede separar la actitud del MIR de la de su Secretario General. 

Miguel Enríquez fue la figura más visible de una pléyade de dirigentes que configuraron una etapa de la lucha política muy compleja en la que hubo que transitar desde el reformismo social cristiano soportado por la Alianza para el Progreso, a los días luminosos del gobierno del presidente Allende y de ahí, a la dictadura criminal de Pinochet, también sostenida política, militar y económicamente por Estados Unidos y el armazón político que le proporcionó la derecha fascista y demócrata cristiana al hacer una férrea y desleal oposición a Salvador Allende.

Recordar a Miguel Enríquez es un acto de justicia, es una responsabilidad con la memoria que debe acompañar la lucha de los pueblos, es reafirmar que tras una etapa viene otra en la que se ratifica el compromiso en la búsqueda de un mundo mejor, es tener la seguridad de que su ausencia física no impide compartir con alegría la grandeza de un hombre que solo vivió 30 años, pero que estará presente de manera imperecedera en la lucha y la victoria de Chile y de América Latina.

martes, 30 de septiembre de 2014

Terrorismo y revolución

La trayectoria revolucionaria de mi padre Mariano Rodríguez, me llevó desde niño a conocer a una gran cantidad de personajes, muchas veces sin saber quiénes eran. En algunos casos, pasaron muchos años antes de conocer la verdadera identidad de estos amigos que pasaban transitoriamente por casa.

En el alba de mi vida, cuando apenas tenía 8 años fuimos a vivir a Maturín. Las actividades políticas de mi padre nos encaminaron a su ciudad natal a la que volvía después de muchos años. Era una época en que la lucha armada arreciaba en el país. Las fuerzas revolucionarias se enfrentaban a la voracidad represiva de los fundadores de la deformada democracia representativa surgida tras el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. 

Mi hermana Valentina tenía 1 año e Iván, apenas algunos meses, los dos menores, Marianela y Mauricio aún no habían nacido. Era inevitable que –sobre todo yo- me diera cuenta que mi papá desarrollaba actividades políticas en contra del gobierno y que eso era peligroso. La consigna que nos inculcó –y que todavía hoy recordamos- fue “ver, oír y callar”. Eran tiempos en que Radio Habana Cuba se escuchaba en un tono muy bajo para evitar que los vecinos pudieran saber que auscultábamos la voz de lo que el sistema denominaba “ la tenebrosa dictadura cubana”.

De esa época, recuerdo dos amigos que llegaron a casa donde permanecieron varios días, tal vez semanas. No se podía saber que estaban allí. Ante tal dificultad me transformé en su enlace, llevando y trayendo comunicaciones. Muchos años después (tal vez 30) supe que uno de ellos había sido Alfredo Maneiro, uno de los más preclaros líderes de la izquierda revolucionaria venezolana, fundador de la Causa R, organización que puso en entredicho el poder corrupto de la alianza de social demócratas y demócrata cristianos.

Era muy niño, como para recordar con detalles a Maneiro, pero aún resuenan en mi mente su convocatoria cada vez que regresaba de la escuela, para preguntarme qué cosas nuevas había aprendido y conversar de Venezuela, su historia y geografía. Maneiro trasuntaba humanidad y paz a pesar de las condiciones difíciles en que vivía. 

Años, después, viviendo en Santiago de Chile, pasaban por casa muchos venezolanos quienes compartían junto al pueblo chileno los avatares del gobierno de la Unidad Popular y su presidente, Salvador Allende. Uno de ellos (que para variar supe su nombre muchos años después) fue el hoy tan recordado Baltasar Ojeda Negretti. Trasuntaba alegría, felicidad de vivir, tenía una risa alegre que nunca le abandonaba. Con mi padre hacían planes de futuro y añoraban el regreso a la Venezuela querida. Nunca escuché (aunque escuché mucho) que en su lenguaje o en sus pensamientos se barruntara alguna idea destructiva, alguna manifestación de odio o de resentimiento personal respecto del enemigo. Ya era un joven en plena adolescencia que participaba activamente en las luchas estudiantiles en apoyo a la Unidad Popular y podría haberme dado cuenta de lo contrario e incluso “nutrirme” de ello. 

Con el transcurso del tiempo, me tocó conocer en persona a combatientes, de varios países que asumieron la lucha armada para enfrentar las feroces dictaduras militares que asolaban sus países. En distintos niveles de responsabilidad, ninguno de ellos portaba ideas de odio personal o de búsqueda de la muerte sin sentido.

Recuerdo a Laureano Mairena, ese extraordinario campesino de Solentiname en Nicaragua que fue mi jefe de columna, el más valiente entre todos los valientes que he conocido, jovial, dicharachero, cumplía su misión al lado de los pobres de la tierra que luchaban por su libertad, como la más sencilla de las encomiendas. Combatir junto a él fue un privilegio que atesoro como lo mejor de mi vida. Cayó combatiendo, ya con grados de capitán del Ejército Popular Sandinista, a las bandas contra revolucionarias que devastaban Nicaragua bajo mandato de Estados Unidos a comienzos de los años 80 del siglo pasado.

Podría hoy también recordar al Comandante Fidel Castro y la formación que tuvo el contingente internacionalista que partiendo de Cuba dio su apoyo al derrocamiento de la dictadura de Somoza, cuando bajo el influjo de la revolución cubana adquirimos estilos, hábitos y comportamientos respecto del trato con nuestros compañeros, con los heridos y los prisioneros de guerra, si llegábamos a tenerlos. En el caso de Cuba, fue norma permanente del ejército desde los días de la Sierra Maestra.

Estos recuerdos y reflexiones vinieron a mi pensamiento al ver la cobardía y bajeza moral de los dos terroristas venezolanos capturados en Colombia. La desfachatez de su discurso violento sólo puede tener sustento en mentes desquiciadas que gozan de gran apoyo de la ultra derecha colombiana actuando como cabeza de lanza de un conglomerado de fuerzas nacionales e internacionales que supone la intención de reconquistar a cualquier precio el poder perdido. “Restauración conservadora” la denomina el presidente Rafael Correa.

El valor que significa asumir formas de lucha que pueden significar la pérdida de los más preciado del ser humano: su vida, solo puede ser enarbolado por ciudadanos que sienten verdadero amor por su patria y su pueblo, se hace de cara al sol, enfrentando al enemigo armado, no a inermes ciudadanos inocentes como pretendían estos falaces y desvergonzados hijos del fascismo. Esto es puro y burdo terrorismo, hágalo quien lo haga y en el lugar que lo haga. 

Los revolucionarios enfrentarán exitosamente y lograrán derrotar al enemigo empuñando valores, principios y un comportamiento superior. En lo financiero, lo tecnológico y lo militar, el adversario casi siempre es superior, pero jamás podrán derrotar a los pueblos si estos son conducidos por líderes capaces de blandir las banderas de una ética y una moral superlativa. Es la única bandera que el pueblo hará suya para transitar el camino de la victoria. Su carencia augura una derrota segura.

martes, 23 de septiembre de 2014

Capitalismo y conflicto global


Una de las cosas más positivamente sorprendentes que se observan en la cotidianidad de la vida en Venezuela es el interés de los ciudadanos por los acontecimientos políticos internacionales. No estoy hablando solo de las aulas universitarias o de centros de investigación especializados, el tema va mucho más allá: en las tertulias callejeros de plazas y restaurantes, en el intercambio necesario de trabajadores y empleados durante la hora del almuerzo y en casuales encuentros errabundos, los problemas que ocurren allende nuestras fronteras o, aquellos que -sucediendo en el país- involucran el actuar internacional del mismo, son cada vez más debatidos, en ambientes de gran participación y conocimiento. Una segunda etapa debería avanzar hacia el análisis y vinculación de fenómenos aparentemente distintos, que se desarrollan en latitudes y longitudes distantes y que en algunos casos son expresión de la coyuntura, pero que –sin lugar a dudas- están enmarcados en una problemática estructural que dice relación con las características más profundas de la historia, la economía, la política, la sociedad y el Estado. 

En este marco, se observa una tendencia recurrente en torno a la preocupación válida por la conflictividad en el planeta y la creciente agresividad imperial. Todos los días de la semana los medios de comunicación son portadores de nuevas y alarmantes noticias que exponen guerras, epidemias, desastres naturales, y/o violación de derechos humanos entre otras expresiones negativas del desarrollo de la vida cotidiana.

Muchas personas concienzudamente se preguntan ¿qué está pasando? Las respuestas que se dan a través de los instrumentos de información son descriptivas y se limitan a dar a conocer lo que ocurre. Hay carencia de programas de investigación y análisis que convoquen a desentrañar las causas profundas del conflicto, (desprendiéndolos de motivos que apuntan de manera superlativa a la subjetividad) sin caer en el panfleto cómodo, la explicación superficial o la sustitución del papel trascendente de los pueblos por la clarividencia a veces exagerada de los líderes, sin que esto signifique restarle validez a su aporte. 

Vale decir, que tal vez no sean los medios de comunicación a los que les corresponde dicha labor, aunque sea evidente que las transnacionales de la comunicación que sirven intereses imperiales están jugando hoy por hoy el papel trascendente en la creación de condiciones para el conflicto, incluso construyéndolos cuando no existen o incentivándolos cuando están en proceso germinal. En la actualidad, se está transformando en un hecho natural y común afirmar algo que no tenga sustento o que la fuente de su origen sea dudosa o incluso falsa.

Esta situación ha conducido al inicio de guerras para las que se han aducido causas irreales. Los millones de muertos que las mismas han significado se solucionan con una falaz disculpa o una tardía aceptación del error. Desde las armas atómicas inexistentes en Irak, pasando por los civiles inocentes asesinados por los drones en Afganistán hasta los “falsos positivos” de Colombia, la vida de ciudadanos humildes ha dejado de tener valor para los poderosos. Una disculpa soluciona todo, los medios internacionales se encargan de lavar la cara de los asesinos y la ONU avala los desmanes de las potencias, jugando cada vez más un triste papel como garante de la paz mundial. 

¿Cree alguien que tenemos que aceptar con pasividad este estado de cosas? ¿Nos deberíamos conformar con el consentimiento de que “el mundo es así”? O, ¿producimos una rebelión que tendría que partir de la conciencia? La falsa afirmación de que el “mundo sea así” conduce a aceptar esta fatalidad de manera obligada, admitiendo con ello la injusticia y la desigualdad. La esencia del problema radica en la estructura del sistema capitalista mundial que genera diferencias profundas en la forma en que uno y otro ciudadano (“iguales ante la ley”) puedan llevar el transcurso de su vida. Por supuesto que hoy “el mundo es así”, y lo seguirá siendo mientras el capitalismo campea por sus fueros y mientras las sociedades de clases impongan los intereses de una minoría por encima del derecho de la humanidad a disfrutar la vida en el planeta.

Este es el origen de la conflictividad mundial, un sistema depredador que no escatima ni siquiera en la sobre explotación de los recursos de la tierra en el afán infinito de maximizar ganancias. Suponer que per sécula, los estadounidenses que son el 6% de la población del planeta deban seguir consumiendo el 25 % de la energía es una sinrazón que no tiene viabilidad futura, mientras millones mueren de hambre y padecen enfermedades curables.

En el momento actual, la conflictividad global tiene su germen en la crisis de un sistema que ha entrado en declive. No se sabe cuántos años durará el mismo. A través de la historia, desde Roma hasta el imperio británico y pasando por el español, el proceso de decadencia imperial ha durado varios siglos, pero una vez iniciado el proceso su rumbo avanza de manera ineludible. Corresponde a los pueblos y a los ciudadanos con visión de futuro y de humanidad, acelerar el ritmo de su crepúsculo.

Esta situación de decadencia objetiva, es la que marca el alto nivel de conflictividad mundial. El imperio estadounidense intenta resistir el paso del tiempo y su declinación. Las leyes objetivas que establecen los comportamientos y la transformación de la sociedad y el Estado son inexorables.

En ese sentido, las masacres en Gaza y el apoyo al permanente genocidio israelí contra el pueblo palestino, los golpes de Estado en Honduras, Paraguay y Ucrania, el apoyo a los terroristas en Afganistán, Siria y Venezuela, las invasiones a Libia y Siria, las amenazas a Irán, Rusia y China, el soporte a las intervenciones francesas en África, las negativas a firmar el Protocolo de Kioto para reducir la emisión de gases de efecto invernadero que producen el calentamiento global y el Estatuto de Roma que establece la Corte Penal Internacional son expresión prístina de un sistema en descomposición y de una potencia débil, que como todo animal herido, ataca cuando los olores nauseabundos de sus despojos comienzan a transmitir su pestilencia.

La dialéctica lo explica con sabiduría infinita. Basta entender las leyes de “la negación de la negación”, la de la “transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos”, así como la de la “unidad y lucha de los contrarios” para entender lo que está pasando y ver el futuro con optimismo, a pesar de todos los contratiempos que tropezamos en la diaria existencia. 

El pesimismo no puede ser asociado a la lucha de los pueblos. Vale recordar al presidente Salvador Allende en aquel aciago 11 de septiembre de 1973, desde La Moneda en llamas y sabedor de que el fin se acercaba, transmitió una lección de confianza en el futuro cuando dijo que “La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor” agregando que “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

martes, 16 de septiembre de 2014

Contra hienas y chacales. Cuba reta al ébola en África


Ante la incapacidad de la comunidad internacional para detener el avance de la epidemia de ébola, la preocupación de los organismos internacionales se ha ido elevando al máximo. En ese marco, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon llamó por teléfono el 9 de septiembre a varios líderes mundiales recabando ayuda para evitar que el mal se continúe propagando. Por supuesto, casi todos los jerarcas gubernamentales convocados por el máximo dirigente del organismo internacional  eran de países desarrollados y ricos, sin embargo el prestigio y el aval internacional de Cuba en esta materia no pudieron ser soslayados, por lo que al Presidente Raúl Castro también se le solicitó el apoyo urgente de la isla caribeña a fin de contribuir con su experiencia y su avanzado modelo científico en esta materia.

De acuerdo con la Organización Mundial de la salud (OMS) el número de casos de ébola asciende a 4800, cifra que crecerá ante la posible aparición de otros miles en Liberia durante las próximas tres semanas. La epidemia ha golpeado  sobre todo a Guinea, Liberia y Sierra Leona, donde se reportan más de 2400 muertos en lo que se ha catalogado como el peor brote del microorganismo en cuatro décadas.

La respuesta del gobierno cubano fue inmediata. Al día siguiente, miércoles 10 de septiembre, una delegación encabezada por el ministro de Salud Pública. Dr. Roberto Morales Ojeda viajó a Ginebra, Suiza, sede de la OMS, para coordinar la ayuda de su país en la lucha contra la epidemia.  El jueves 11, solo dos días después de la conversación telefónica entre Ban Ki-moon y Raúl Castro, el Dr. Morales y la delegación que lo acompaña se entrevistó con la directora general de la OMS, Margaret Chan, y visitaron un centro de emergencia para atender la situación de esa fiebre hemorrágica.


El ministro cubano informó que su país ya tiene 23 colaboradores médicos en Sierra Leona y 16 en Guinea. Así mismo, dio a conocer, que Cuba aportará  una brigada de 165 integrantes, de los cuales 62 son médicos y 103 enfermeros y enfermeras con un promedio de 15 años de experiencia, todos los cuales se han ofrecido voluntariamente para esta misión de alto contenido humanitario, dada la peligrosidad del virus. Este contingente médico cubano  tiene en su haber la participación en situaciones de desastre natural y epidemiológico, además de haber estado presente en otras misiones de cooperación de las tantas que Cuba ha prestado en todo el mundo.

No es primera vez que Cuba envía a su personal médico a África. Ya en mayo de 1963 a solo 4 años del triunfo de la revolución, la primera Brigada Médica cubana viajó a Argelia, país que el año anterior había declarado su Independencia de Francia después de lo cual sólo quedaron  600 médicos para atender una población de 11 millones de habitantes. La grandeza del hecho estriba en que en ese momento en Cuba sólo había 3000 médicos, después que una cantidad similar había abandonado el país tras el triunfo de la revolución en 1959. Este primer contingente de 54 trabajadores de la salud, de los cuales 29 eran médicos, 14 enfermeros y enfermeras, 7 técnicos de rayos x y 4 odontólogos –al igual que ahora- cumplieron su misión de forma totalmente voluntaria.

Más recientemente, la operación Milagro llevada adelante por Cuba junto a Venezuela ha permitido recuperar la vista  a 36636 ciudadanos  africanos. Según el ministro de salud de Cuba “En África, hasta la fecha, han participado 76744 colaboradores de la salud en 39 países. En estos momentos existen 4048 colaboradores en 32 países, de ellos 2269 son médicos”.

Por su parte la Dra. Margaret Chan, Directora General de la OMS agradeció al presidente Raúl Castro, por ser su país el primero que dio el paso ante el llamado de la ONU y la OMS. La Dra. Chan recordó que Cuba es mundialmente famosa por “su capacidad para entrenar excelentes médicos y enfermeras” y agregó que además  es famosa “por su generosidad y solidaridad con los países en ruta hacia el progreso”, por lo que hizo patente la necesidad de aprender de la experiencia cubana en el tratamiento de casos de emergencia Finalizó diciendo que esperaba que el anuncio hecho por el gobierno cubano estimulara a otros países a ofrecer su apoyo.

La colaboración médica cubana que lleva vida a todo el mundo contrarresta la información cotidiana de los últimos meses y años signada por la intervención militar occidental en la propia África, pero también en Asia, Europa y América Latina acarreando destrucción y muerte consigo.

A pesar de esto, sin armas letales por medio, los médicos cubanos causan terror al imperio. El propio presidente Barack Obama – con indisimulado desprecio- se refirió a ello el 19 de abril de 2009 cuando en la Cumbre de las Américas que se celebraba en Puerto España, Trinidad y Tobago la catalogó como la “diplomacia médica” de Cuba. Sólo en la mente perversa del primer presidente gris de la historia de Estados Unidos puede caber la peregrina idea de que la ayuda humanitaria entregada desinteresadamente y de manera voluntaria pueda tener objetivos políticos tras sí. Sólo su mentalidad consumista, prohijada en una sociedad putrefacta puede concebir la imagen de una salud que se rija por la ley de la oferta y la demanda.

Solo seres superiores, provistos de valores que consideren la condición humana por encima de intereses particulares, pueden ser capaces de verter su sudor, su esfuerzo, su sacrificio y su sangre -cuando ha sido necesario- para llevar adelante los supremos intereses de la humanidad.

Uno de los primeros médicos enviados por la revolución cubana a África fue el Comandante Ernesto Che Guevara. No iba sin embargo a cumplir misiones profesionales. En fecha tan temprana como 1965 hizo su primer viaje a ese continente. Quería conocer en carne propia los estragos causados por casi 5 siglos de ocupación colonial y ofrecer a los líderes africanos que luchaban por la independencia, el apoyo del pueblo cubano para erradicar ese flagelo.

Antes, el 11 de diciembre de 1964 en su intervención ante la XXI Asamblea General de la ONU al referirse al papel del colonialismo en África y especialmente en el Congo, el Comandante Guevara expresó que “Nuestros ojos libres se abren hoy a nuevos horizontes y son capaces de ver lo que ayer nuestra condición de esclavos coloniales nos impedía observar; que la civilización occidental esconde tras su vistosa fachada un cuadro de hienas y chacales. Animal carnicero eso es lo que hace el imperialismo con el hombre, eso es lo que distingue al blanco imperial”.

Esas hienas y chacales que experimentan para crear enfermedades a fin de producir vacunas que engorden las arcas de los grandes laboratorios son los causantes de esta epidemia de ébola. Sus fauces llenas de la sangre de pueblos marginados del desarrollo 
y sedientas de mayor expoliación y guerra no son capaces de acudir a la ayuda que la humanidad necesita para exterminar este terrible mal.

En Nuestra América, en este Caribe orgulloso construido con la sangre africana, un pueblo noble y solidario acude una vez más al llamado de la vida. Cuba, con su ejemplo cotidiano de amor y paz, se yergue por encima de las dimensiones de su superficie y población, por arriba del tamaño de su economía y  logra saltar el brutal muro del bloqueo imperial, para seguir erigiendo el homenaje más sublime a su apóstol José Martí cuando dijo que “Patria es humanidad”.

martes, 9 de septiembre de 2014

Obama, un presidente gris, derrotado una vez más.


Si se juzgara por la apariencia física de sus líderes, las mayores potencias nucleares del planeta mostrarían una fisonomía diametralmente opuesta. Mientras el presidente ruso Vladimir Putin exhibe aspecto saludable, un cuerpo atlético y una faz rozagante que transmite seguridad y confianza, el mandatario estadounidense Barack Obama revela cansancio, y acelerado proceso de envejecimiento que se manifiesta por una piel ajada, rostro gris, aureolas negráceas alrededor de sus ojos, hombros caídos y un cabello que se ha tornado apresuradamente canoso, todo lo cual trasunta perplejidad, incapacidad y derrota. 


El peligro es que cuando ello ocurre a los poderosos, estos suelen intentar tapar sus debilidades y flaquezas a través de la demostración del poder y la fuerza. Lo cierto es que una vez más en Ucrania, Putin derrotó a Obama y éste solo le quedó recurrir a la OTAN para intentar evidenciar que su poderío podría sacar a Europa del atolladero en que se han metido. 

Hace un año, exactamente el 11 de septiembre, el Presidente Putin publicó un mensaje al pueblo estadounidense en el New York Times. En el mismo afirmaba que “… una escalada de violencia, extendiendo el conflicto más allá de las fronteras de Siria inevitablemente aumentaría la violencia y desencadenaría una nueva ola de terrorismo”. Agregaba más adelante: “Hay que entender que hoy no estamos ante una batalla por la democracia en Siria, sino de un conflicto armado entre el Gobierno y la oposición en un país multi religioso. Los defensores de la democracia no son muchos. Pero sí que son más que suficientes los combatientes de Al Qaeda y extremistas de toda tendencia del campo opositor. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha tachado al Frente Al Nusra y al Estado Islámico de Irak y el Levante que luchan con la oposición, de organizaciones terroristas”. El presidente ruso señalaba que a pesar de esto, las armas extranjeras alimentan este conflicto, así mismo se preguntaba con preocupación ¿quién puede garantizar que esos delincuentes no volverán a nuestros países con la experiencia adquirida en Siria?.

Casi 365 días después, lamentablemente la vida le dio la razón. Hoy sus advertencias e inquietudes se han transformado en las de casi todos los políticos de Occidente, incluyendo por cierto a Estados Unidos y su presidente quien da órdenes y emprende nuevas acciones bélicas en Irak y Siria contra fuerzas que armaron y financiaron a pesar de haber sido declarados terroristas.

La semana pasada, completamente ajeno a la realidad y con una desesperación que raya en la locura, Obama declaraba que “No se puede hacer ningún verdadero arreglo político si, de hecho, Rusia declara que continuará enviando tropas, armas y asesores disfrazados de separatistas, y que la única solución posible es que Ucrania ceda su territorio o su soberanía”. El problema es que Rusia, ninguno de sus dirigentes o autoridades ha declarado algo que sólo está en la cabeza del atribulado y gris presidente de Estados Unidos 

Además, todo ello ha ocurrido cuando en Ucrania se ha puesto en efecto un acuerdo de cese al fuego en el marco de negociaciones que entre otros temas, ha significado un inmediato canje de prisioneros y acciones de carácter humanitario avaladas por las dos partes. El propio presidente ucraniano Petró Poroshenko ha reconocido que dicho acuerdo ha sido influido por la actuación de su colega ruso.

Así mismo, la Unión Europea en su última reunión del pasado lunes 8 no pudo lograr unanimidad para establecer nuevas sanciones contra Rusia toda vez que algunos países quieren discutir la posibilidad de retirarlas en caso que continúe la tregua en Ucrania. El primer ministro ruso Dmitri Medvedev había advertido que en caso de adoptarse nuevas sanciones contra su país, éste respondería “de forma asimétrica”.

En cualquier caso el objetivo de la OTAN, -que no tiene nada que ver con Ucrania- se ha cumplido. El escalamiento del conflicto por parte de la alianza atlántica, ha permitido la instalación de 5 nuevas bases militares y una fuerza de despliegue rápido de la OTAN en las cercanías de Rusia. Con ello se configura un contingente de 51 bases militares de fuerzas terrestres, marina y aviación de los países occidentales en las cercanías de Rusia, de ellas, 30 están dislocadas en territorio europeo. Así mismo, Finlandia y Suecia países que no son miembros de la OTAN han aceptado involucrarse en las campañas militares agresivas anti rusas. En ese mismo ámbito, la incorporación de Ucrania a la alianza generaría una inédita y peligrosa situación en la correlación de fuerzas militares de la región

La política suele concebirse como un hecho racional. La política exterior no es ajena a ello. Los decisores actúan a partir de determinados límites que no deben ser superados, pero cuando prima la irracionalidad nada es previsible y toda disposición es probable. Esto se torna infinitamente peligroso cuando se habla de la principal potencia mundial y un presidente que ya no tiene control sobre sus subordinados ni capacidad para tomar decisiones acertadas.